La imagen que damos en la mesa de poker al resto de los jugadores no sólo se relaciona con nuestro estilo de juego, sino también con nuestra actitud e incluso, más de lo que pensamos, con nuestros “códigos de etiqueta”, incluyendo nuestra ropa. Nuestra imagen llegará inlcuso, a determinar la estrategia de nuestros rivales, ya que conforma un todo con neustro estilo de juego.
La imagen comprende la agresividad en el juego, nuestro comportamiento en la mesa, el control que demostramos (o no) tener de nosotros mismos, nuestras reacciones ante triunfos y derrotas, etc. Por eso, antes de comenzar a “construir” nuestra imagen, debemos preguntarnos cómo queremos que nos vean, qué imagen deseamos proyectar, cuál es la más conveniente para nuestro estilo de juego.
Una vez que hemos construido y proyectado nuestra imagen por suficiente tiempo, podemos utilizarla de diversas maneras. En el libro “Phil Gordon’s Little Blue Book”, su autor cuenta una partida en la que se enfrentó con Phil Hellmuth. Consciente de la imagen que Hellmuth tenía de él (la que daba habitualmente en las mesas) Gordon jugó de forma totalmente opuesta a la que se esperaba de él, y logró vencer a Hellmuth. Por eso decíamos que nuestra imagen es parte de nuestra estrategia.
Incluso el vestir de modo conservador, por ejemplo, durante las primeras partidas de un torneo, para luego cambiar a algo más relajado a medida que el torneo avanza, da señales en forma subliminal a nuestros oponentes acerca de nuestro estilo de juego: tight, loose, etc.
Aunque nos parezca extraño, podemos comprobarlo analizando cómo reaccionamos ante un rival: inconscientemente analizamos su vestimenta, su calzado, su forma de hablar, sus gestos… con esos detalles armaremos una imagen preliminar, que luego se completará en la mesa. Entonces, lo que para muchos pasa inadvertido, para otros serán elementos a tener en cuenta.
Por eso es importante que decidamos de antemano cuál es el mensaje que queremos enviar, y actuar en consecuencia.